
Vivimos en un país sin inversión en I+D, sin tejido industrial y con una de las tasas de abandono escolar más altas del mundo desarrollado, en torno al 30%. Un país donde la gente sigue apostando por el ladrillo para arreglar la recesión económica después de que explotara una burbuja y acercara a un cuarto de los habitantes al umbral de la pobreza. Donde los dos principales partidos siguen llevando en su programa a la construcción como solución a la construcción. Un país donde se sigue creyendo que el expresidente José María Aznar y su ministro económico Rodrigo Rato hicieron bien al bienestar económico fomentando un sector en detrimento de los demás y que no fastidiaron el crecimiento económico y laboral.
Mientras los partidos xenófobos consiguen representación en los ayuntamientos y el principal partido de la derecha usa carteles racistas en sus campañas España alberga a 6,7 millones de inmigrantes (13%) en un mercado laboral similar en número al de Mozambique y Nigeria.
En la primera tabla podemos ver los países en los que más personas emigran hacia nuestro país (en miles de personas) y en la segunda la tasa de desempleo a 2011. Aquí de nuevo una imagen vale más que mil palabras:


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